El ITESO otorgará la distinción de profesor numerario a tres docentes
Detalle BN6
- Inicio
- El ITESO otorgará la distinción de profesor numerario a tres docentes
El ITESO otorgará la distinción de profesor numerario a tres docentes
Minerva Ochoa y Adelina Ruiz, profesoras del Departamento de Lenguas, y Modesto Aceves, profesor del Departamento de Hábitat y Desarrollo Urbano, relatan cómo la docencia se convirtió para ellos en una vocación marcada por el acompañamiento y aprendizaje mutuo.
Diana Alonso
El ITESO reconocerá a tres docentes como profesores numerarios, una distinción que honra trayectorias marcadas por el compromiso con la formación, el conocimiento y las orientaciones fundamentales de la universidad.
Esta distinción se hará en el marco de la Ceremonia del Día del Maestro, que se llevará a cabo el viernes 15 de mayo, a las 18:00 horas, en el Auditorio Pedro Arrupe, SJ. A continuación, se presentan los perfiles de quienes serán reconocidos: Minerva Ochoa y Adelina Ruiz, del Departamento de Lenguas, y de Modesto Aceves, profesor del Departamento de Hábitat y Desarrollo Urbano (DHDU).
La vocación de acompañar
Eurídice Minerva Ochoa Villanueva cree que su vocación como docente se forjó en la infancia, en un hogar en el que leer y escribir eran actividades profundamente valoradas y donde la biblioteca ocupaba un lugar central. No es casualidad que sus nombres coincidan con los de personajes de la mitología clásica (ninfa y diosa respectivamente). “No teníamos muchos […] pero los libros eran algo que se atesoraba”.
Recuerda la primera vez que ayudó a alguien a leer y escribir. “Ella tenía seis años y yo diez”, cuenta. Aquella niña, cuya lengua materna no era el español, enfrentaba muchas dificultades y miedo a equivocarse. Sin embargo, cuando Minerva le explicaba surgían la confianza y el valor para descifrar los signos escritos, ahí comprendió que aprender es un proceso que requiere acompañamiento y que enseñar implica ponerse al lado de quien aprende.
Estudió la Licenciatura en Letras Hispánicas y la Maestría en Lingüística Aplicada en la Universidad de Guadalajara (UdeG). Durante ese periodo conoció a un grupo de jóvenes que llamaron su atención. “Me gustaba mucho su forma de pensar y la manera en la que afrontaban la vida”, recuerda. Los describe como personas capaces de tomar distancia antes de asumir una postura y de darse un momento para la reflexión crítica. “Ahora entiendo que hacían un trabajo de discernimiento”. Todos ellos eran egresados del ITESO. Minerva tuvo claro que quería formar parte de esa comunidad. “Quería trabajar donde ellos se habían formado”.
En 2001 ingresó al ITESO como profesora de “Comunicación escrita”. “La primera clase creí que se me saldría el corazón”, confiesa. Desde entonces, ha entendido la docencia como una profesión marcada por la incertidumbre: “No sabemos cómo vienen los grupos, las generaciones van cambiando, los programas se actualizan y el conocimiento se modifica”. Ese dinamismo es, precisamente, una de las dimensiones que más disfruta, pues le permite encontrarse con distintos perfiles, intereses y formas de aprendizaje. “Dentro de toda esta riqueza, poder acompañar de manera adecuada para que alcancen los objetivos por su propio camino es uno de los retos más interesantes”, afirma.
Continuó su formación con una especialidad en Ciencias Sociales, con mención en lectura, escritura y educación, en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), y obtuvo el doctorado en Ciencias de la Educación en la Universidad de Santander. Actualmente es profesora del Departamento de Lenguas, en el que imparte asignaturas vinculadas con la comunicación y la formación lingüística universitaria y también en el Instituto Superior Intercultural Ayuuk (ISIA), en Oaxaca.
A lo largo de su trayectoria ha participado en investigaciones sobre literacidad académica y proyectos como Analítica de datos en los servicios con enfoque social, utilizando métodos de inteligencia artificial y aprendizaje automático, comenzado en 2023 con apoyo del Fondo de Apoyo a la Investigación (FAI) del ITESO y liderado por Gabriela Calvario. En esta iniciativa, el equipo explora el uso de la inteligencia artificial para el desarrollo de tecnologías que reconozcan lenguas originarias, como el tseltal, mediante herramientas de traducción.
Con los años, Minerva ha sido testigo de cómo la enseñanza de la lengua ha transitado a perspectivas socioculturales que reconocen las trayectorias previas de los estudiantes y promueven su agencia como comunicadores. Desde su experiencia, enseñar ya no consiste en transmitir reglas, sino en generar condiciones para que cada persona tome decisiones discursivas con sentido.
Sobre la distinción menciona que es un fruto que hoy le toca recoger, pero que fue sembrado por muchas otras manos. Al mirar hacia atrás, reconoce que siempre tuvo la certeza de querer ser profesora, pero admite que hubo algo que no anticipó: “No sabía que mis estudiantes iban a aportarle tanto sentido y significado a mi vida. Que el ITESO se iba a convertir en otra casa y mis compañeras, compañeros, en una segunda familia”.
“Construir con otros es lo que hace la diferencia”
Adelina Ruiz siempre tuvo la certeza de que se convertiría en maestra. “Será la docencia un punto importante en mi vida”, se decía a sí misma cuando era pequeña. Lo único que no tenía claro era qué iba a enseñar. Resolvió su duda en secundaria, cuando empezó a dar clases de inglés a su hermano y a sus amigos. “Inclusive me acuerdo de que fue la primera vez que hice materiales para que ellos practicaran vocabulario y que pensé ‘esto es lo que me hace sentir bien’”, dice. Así dio los primeros pasos de su trayectoria profesional.
Estudió Psicología Social en la Universidad de Occidente, en Los Mochis, Sinaloa, y desde su segundo año de carrera comenzó a dar clases de inglés en un instituto particular. “Tenía como 20 años […] mis primeros grupos fueron de niños pequeños”, recuerda. Aquella primera incursión en el aula se sintió cercana, familiar. “Fue como llegar a casa”.
Tras concluir la licenciatura, se mudó a Guadalajara. Conoció el ITESO al asistir a un concierto. “Dije, ‘Ay, qué bonito, estaría padre tener un pretexto para regresar’”, recuerda. Ese pretexto llegó después de concluir la Maestría en Enseñanza de Inglés en la Universidad de Nottingham, Reino Unido, cuando una invitación la llevó a integrarse al programa de inglés de la universidad.
Para ella, enseñar va mucho más allá de transmitir contenidos: implica ayudar a que las personas encuentren sentido a lo que aprenden, se apropien del conocimiento y se reconozcan en el proceso. “No das clases solo para que alguien aprenda el presente perfecto, das clases para ayudarle a la persona a encontrarse”, señala.
Esa búsqueda constante por motivar y despertar el interés, dice, ha sido uno de los desafíos más estimulantes de su trayectoria, tanto con niños, adolescentes y profesores. “Disfruto mucho ese momento en el que ya me puedo quitar de enfrente y toca que los estudiantes trabajen. Caminar por el salón y escucharlos interactuar […] me llena de mucha energía y me parece la cúspide más alta a la que yo puedo aspirar”.
Trabajar con profesores le permitió dimensionar el impacto de la enseñanza. “Cuando trabajas con docentes, lo que logras se magnifica […] El reto de ayudarle a la persona a ver su labor desde otra perspectiva es muy bonito”. Desde esta labor ha colaborado en proyectos institucionales y programas de formación enfocados en el desarrollo de la autonomía en el aprendizaje, convencida de que la docencia no se reduce a compartir contenidos, sino que implica actitudes, miradas y la postura que se toma cuando se está junto al pizarrón.
Comparte que una de las mayores recompensas de su vocación es reencontrarse con sus estudiantes, verlos crecer, convertidos en adultos que aún recuerdan y agradecen aquellas clases que compartieron años atrás. “Hay una frase que dice 'it takes a village to raise a child'. Creo que he sido parte de esa aldea que ha ayudado a criar a muchos”, dice. Para ella, la distinción funciona como un impulso para seguir acompañando. “Yo no me veo retirándome. No me imagino no haciendo esto, no teniendo un espacio donde compartir con un grupo de estudiantes”.
“Descubrir en sus ojos el asombro”
Modesto Aceves se encontró con el compromiso social desde su juventud. Su paso por colegios maristas lo acercó a realidades marcadas por la vulnerabilidad y definió su manera de entender tanto la formación académica como el ejercicio profesional. Por eso, cuando eligió estudiar Arquitectura, encontró en el ITESO un espacio afín a esos principios. Una universidad en la que la responsabilidad social, la atención a los más desprotegidos y la concepción de la profesión como servicio son parte del proyecto educativo.
“En algún momento de mi vida dije que no iba a dar clases nunca”, recuerda con una sonrisa. Sin embargo poco después de egresar de la Maestría en Restauración de Sitios y Monumentos de la Universidad de Guanajuato (UG), fue invitado por el profesor Francisco Belgodere a impartir clases en el ITESO, principalmente de Historia de la Arquitectura. Era 1995 y su profesión tomó un rumbo inesperado. “Me gustó muchísimo la experiencia […] y ver que algo que a mí me emocionaba también entusiasmaba a los jóvenes”, comparte.
A lo largo de más de tres décadas ha impartido materias como “Historia de la arquitectura” en distintas etapas (de la Antigüedad a la Modernidad), “Contexto y patrimonio cultural”, “Arte y espiritualidad”, “Análisis de programa arquitectónico” e “Introducción al ámbito profesional”, entre otras.
Su pasión por la historia parte de la convicción de que esta permite comprender los patrones del comportamiento humano a lo largo del tiempo. “Algunos dicen que la historia es un péndulo. Yo lo veo más como una espiral, en la que siempre pasamos por un mismo eje”, explica. Para él, estudiar historia es una herramienta para entender el presente y prever el futuro.
“Lo que más disfruto de ser profesor es aprender de los alumnos […] Cuando les empiezas a platicar las cosas […] y descubres en sus ojos el asombro”. Con el paso de los años, sin embargo, también enfrentó retos. Uno de ellos fue adaptarse a la transformación de las generaciones provocada por las nuevas tecnologías. Encontró en el arte, la historia y el patrimonio un puente. “Si le empiezas a platicar a alguien de manera apasionada la historia de la arquitectura le va a gustar; si se lo platicas de manera aburrida, lo estás vacunando”, afirma. Para él, la clave está en lograr que el alumno encuentre sentido a lo que aprende.
Además de su labor docente también se ha desempeñado como director general de Patrimonio Cultural del Gobierno de Jalisco. Para él la distinción como profesor numerario es un compromiso con seguir dando lo mejor de sí. “Me parece muy significativo que te reconozcan por algo que disfrutas […] porque realmente uno viene a dar las clases por gusto, por vocación”.